5.31.2016

AMOR: ( Ley de ) Vida.

Tengo demasiadas palabras en la punta de los dedos como para dejarlas
aquí escritas,
Tendrían que estar en la punta de tu lengua mientras yo sonrío como una
imbécil mirándote,
Pero bueno, es algo a lo que me he acostumbrado.
Me refiero al pensar en lo que podría pasar y no en lo que pasa.
Finales felices, besos con sentimiento, miradas cargadas de flechas y
todo eso.
Cupido siempre fue un cabrón, de eso no me sorprendo.
Y de ti tampoco.
No vine aquí con un folio de reproches,
tampoco sería capaz de soltarte una verdad de esas que son una hostia en
las costillas.
Recordar algo y que duela, de esa mierda os hablo.
Y dicen:
Es ley de vida,
Pero,
que alguien me diga cuál es la ley esa
por favor,
que a lo mejor es eso lo que me tiene tan perdida.
No tengo ni puta de dónde dejé el mapa de tus abrazos,
y quizás es por eso por lo que, por mucho que lo intente,
no los recuerdo.
No quiero.
Porque yo lo que necesitaba era que me dijeses que no salías a buscarme,
que saliste a encontrarme.
Y que al verme, tenías que contener las ganas de romperme los huesos en
un abrazo,
de dejarme heridas por todo el cuerpo por el desgaste causado con el
roce de tus labios.
Que al volver a casa, me encontrase con retazos de mi vestido que se
habían ido rompiendo porque mi cuerpo, insaciable, necesitaba sentirte
más cerca.
Joder, necesitaba que me dijeses que me querías,
aunque fuese mentira.
En el fondo, me gusta que me mientan para que me quede contenta,
me hace volver a sentirme una niña.
Entonces, en serio,
eres de los que fallan o de los que follan,
lo digo por dejarme el corazón o el vestido en casa,
que de cortes de corazones rotos, estamos hartos,
y ropa, mentiras y obstáculos; nos sobran.
Ayer, limpiando el polvo de mi vida,
debajo de toda esa mierda,
te encontré.
Qué forma más romántica de decirte que te echo de menos.
Sí.
Te echo de menos.
Y un polvo.
Y un pulso a sonrisas.
Siempre que quieras.
Díganle al amor que me rindo.
A sus pies.
Aunque supongo que esta es la ley de vida de la que todos habláis,
pero de la que ninguno,
escuchadme
ninguno.
Tenéis ni puta idea.
Así que yo cargo mi pistola,
te apunto a ti
poeta
y me disparo en la sien.
Hace mucho que no escribes,
supongo que te irá bien.
Yo, por mi parte,
te dejo mi cadáver en este intento burdo de poema,
y te pido,
por favor, esto no lo olvides,
que sonrías.
Que aprendas que, en realidad, esa ley de la que todos hablan
es
que sonreír no es sólo enseñar los dientes.
Es partirte la boca por intentar ser feliz.
Aunque eso signifique estar sin mí.


LORETO SESMA